lunes, 27 de enero de 2025

Unamuno y el nacionalismo

Las primeras críticas al catalanismo y su visión de las lenguas españolas

En octubre de 1906, Unamuno participó en el Congreso Internacional de la Lengua Catalana, con una conferencia titulada «Solidaridad Española». El título ya sugería que causaría polémica, ya que hacía relativamente poco tiempo que buena parte de las formaciones políticas y de la sociedad civil catalana habían impulsado la vertebración de una plataforma electoral llamada Solidaritat Catalana. Ésta tenía como principales objetivos la reivindicación del respeto a la lengua y a la cultura catalana, la obtención de un cierto grado de autogobierno y la derogación de la ley de jurisdicciones.

En este contexto, Unamuno afirmó que la lengua catalana era como una «gloriosa espingarda conservada en una familia; cuando los demás vienen con un máuser es una locura querer defenderse con la espingarda». Se marchó de Barcelona sin despedirse de los organizadores del acto y sin cobrar por su conferencia.

La estatua de Guzmán el Bueno

Los orígenes de la escultura de Guzmán el Bueno, que se remontan al 23 de julio de 1894, cuando se publica en La Gaceta de Madrid, firmada por María Cristina de Austria una semana antes una orden anunciando la construcción de una estatua con unas medidas de tres metros y medio, que habría de fundirse en la Fábrica de Cañones de Artillería de Sevilla con bronce de deshecho y sería un homenaje a Guzmán el Bueno, el héroe de Tarifa, en la ciudad de León.

Se abrió un concurso público de escultores al que se presentaron varios famosos artistas, y que ganó el ya conocido Aniceto Marinas, creador también de la escultura de Velázquez, del Museo del Prado en Madrid. En 1898, el 18 de Julio, la revista Madrid Cómico publicaría un artículo ilustrativo de la obra de Marinas, en el que se podría observar el trabajo del escultor, que preparaba la entrega para comienzos del nuevo siglo. La revista afirmaba lo siguiente:

«La figura de Guzmán el Bueno es grandiosa: el heroico soldado y padre infeliz muéstrase al espectador en actitud severa, grave, imponente, abre la mano derecha para dejar caer el famoso puñal, mientras crispa nerviosamente la otra a impulsos de un dolor que no debe de tener semejante; en el rostro feroz de aquel indomable guerrero, se refleja la tempestuosa agitación de su alma, que en vano la voluntad pretende vencer para mostrarlo sereno ante el sanguinario enemigo.

La masonería en León

Las primeras especulaciones sobre la masonería se remontan a 1760, cuando el conde de Aranda habría fundado (supuestamente) la Gran Logia que a partir de 1780 pasaría a llamarse Gran Oriente de España, muy influida por la francmasonería francesa (como el resto de las masonerías del mundo). En 1800 contaría con 400 logias y estaría bajo la dirección del conde de Montijo, que había sucedido a Aranda. Su mera existencia es, sin embargo, harto discutible, y fruto, según Ferrer Benimeli, de un tiempo en que se fabricó una historia manipulada de la masonería a fin de dotarla de antigüedad y prestigio. Si en la fabricación de un conde de Aranda fundador de la masonería española jugó su papel en la expulsión de los Jesuitas, la sucesión del conde de Montijo es un disparate histórico, pues en 1789 el título correspondía a María Francisca de Sales Portocarrero y el conde consorte, Felipe de Palafox, no podía ser Gran Maestre en 1800 habiendo muerto en 1790. Es de su hijo, Eugenio Eulalio Palafox Portocarrero, nacido en 1773 y conde de Montijo desde 1808, de quien consta su pertenencia a la logia de los Amigos Reunidos de la Virtud, fundada en Madrid en 1820 e integrada exclusivamente por españoles, que solicitó su regularización al Grande Oriente de Francia al no existir un Gran Oriente Español. El 1 de mayo de 1871 apareció el primer número del Boletín del Gran Oriente de España y en el número 2 publicado quince días después se definió así a la Masonería: 

“Masonería es la reunión de hombres libres y honrados que, siendo verdaderos apóstoles de la verdad, la ciencia y de la virtud, marchan siempre a la vanguardia del progreso; instruyen sin cesar con la enseñanza y con la práctica lo que es bueno y lo que es bello, y procuran hacer de la humanidad una sola familia de hermanos, unida por el trabajo, el amor y por el pensamiento”. 

Bonitas palabras que podrían adjudicarse a la Iglesia Católica, a la Real Sociedad de Amigos del País o a cualquier otra mentalidad de cualquier institución filantrópica de aquella época o del presente más inmediato.

Antonio del Valle Menéndez

Antonio del Valle Menéndez nació el día de San Antonio Abad de 1923. Era el octavo de los once hijos del matrimonio entre Emilio del Valle Egocheaga, natural de Rozas de Valdearroyo (Cantabria), y Emilia Menéndez Mori, natural de Oviedo, pasó su niñez y adolescencia por tierras santanderinas y leonesas. Alentado por su padre, bajó a la mina desde muy joven para conocer de cerca la actividad y lo que sustanciaba el negocio. Estudió el bachillerato en León y la obtuvo la graduación por la Escuela Superior de Ingenieros de Minas de Madrid en 1950. Se doctoró catorce años después por la misma Escuela y realizó prácticas en empresas, incluidas alguna norteamericana, entre las cuales resultaron definitivas las seguidas en la Hullera Vasco-Leonesa, empresa de la que su padre, en 1943, pasó a ser el mayor accionista. 

Plaza de Santo Domingo

La plaza de Santo Domingo, a partir de los años 20 del siglo XX albergó construcciones como la Casa Roldán, el Hotel Inglés (luego Oliden y hoy Alfonso V) y que ya albergaba el Casino Industrial (la sede del BBVA hoy), el edificio Pallarés (el Museo de León) y la Casa Goyo (en 1913 ya se había iniciado la construcción del edificio promovido por Manuel Álvarez-Quirós Calvo en la esquina de Ordoño II, más tarde conocido como 'Casa Ciriaco'). Y poco tiempo después la primera plaza de forma cuadrada que fue reformada en los años sesenta para albergar la actual fuente circular. A finales de esa década se terminó de configurar prácticamente tal y como es hoy, con la construcción del Complejo de Santo Domingo (derribando el antiguo convento con ese nombre) y el edificio del siglo XIX propiedad de los hermanos Pedro y Vicente García, donde estuvo el famoso Café Suizo de la familia Larderley, en donde posteriormente fue construido el edificio que albergó el Banco de Vizcaya en la esquina de Ordoño con la calle Independencia (donde hoy está la oficina de Unicaja Banco). La última reforma que dejó la plaza tal y como la conocemos en la actualidad fue el derribo del inmueble esquinero entre el Hotel Oliden (hoy Alfonso V) y la 'Casa de los Alemanes', el edificio con el mismo diseño que arranca en esa manzana en la actual Gran Vía de San Marcos, a finales de los ochenta.

A la izquierda, la construcción de Pallarés en 1923 y el solar de Casa Roldán con el Hospital San Antonio Abad y la torre de Almanzor ya demolidos (derecha).

domingo, 26 de enero de 2025

Legión Condor

Durante la guerra civil numerosas familias leonesas alojaron en sus casas a miembros de la Legión Cóndor pues la Base Aérea de La Virgen del Camino no disponía de capacidad para albergar a pilotos, mecánicos y personal de abastecimiento que pasaron por la Maestranza leonesa entre 1936 y 1939 (más de 4.000). Muchas familias lo hicieron por dinero —a los legionarios alemanes les pagaban en Reichmark— y eran una fuente de abastecimiento de raciones de carne, chocolate y cigarrillos.

Mariano Andrés Lescún

A Mariano Andrés Lescún, alcalde de León entre 1917 y 1921, se le recuerda con la avenida que lleva su nombre por su encomiable labor en la construcción de Casas Baratas en la ciudad. Sin embargo falleció en 1933 en una casa de reposo en Palencia, divorciado y enfermo por su disoluta vida extramatrimonial.

Mariano Andrés Lescún, hijo de Mariano Andrés González Luna, puede considerarse uno de los exponentes de esa burguesía en constante ascenso económico y social desde el siglo XIX, cuando su padre, hombre de confianza de Juan Homs Botines, emparentó con Leonarda Lescún Lubén, una de las mujeres más representativas de la nueva burguesía industrial proveniente de Francia dedicada a los curtidos (como la familia Eguiagaray), que se había asentado en la zona del barrio de Santa Ana, donde estaban sus fábricas de curtidos aprovechando el agua de la denominada Presa Vieja.