martes, 11 de julio de 2023

El carretero del Val de San Lorenzo

Tenían los carreros muchos prestigios pues no era nada fácil su oficio, había que manejar muy diversas técnicas y herramientas, ser muy fino y preciso, armarse de paciencia y ciencia. "Tres meses es la duración media en hacer un carro, pieza a pieza para ir ensamblándolas al final".

En palabras del carrero de Val de San Lorenzo en 1973, en el inicio del trabajo y donde ya se intuyen la cantidad de complicaciones que llevan hasta los tres meses una obra de artesanía que más bien es de arte. "Yo suelo empezar por el cilindro central en el que se encajan los radios pues es un trabajo complicado y me gusta cogerlo con ganas. Saco el cubo central, hecho de madera de fresno, lo voy trabajando, desbastando, lijando, hasta el cilindro central donde después irán encajando los radios, hacer los 16 agujeros y que encajen perfectamente es muy importante. Es fundamental que la madera esté bien seca, en la mayoría de los casos de varios años. Y cortada en menguante". Con una curiosa y artística explicación para esta tarea de ajustar bien: "Si está bien hecho, bien ajustado, canta bien y ayuda a la pareja de ganado a tirar más animada".

Y así — a base de gubia y formón, azuela y garlopa, barreno y compás— ir dando forma a cada una de las piezas de esta verdadera obra de arte, en sus diferentes modalidades y tipologías pues, "Se construían diferentes tipos de carro, en función del uso que tendrían posteriormente, así como del número de animales que tiraría de ellos. Hacían carros de varas o de yugo y, dentro de esta división, podía haber carros con caja, o sin ella. Por ejemplo, los carros que se hacían para el transporte de troncos de madera eran carros sin caja".


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