sábado, 2 de enero de 2021

La cuenca carbonífera leonesa en 1920

POR EL PAÍS DEL ORO NEGRO (Album Gráfico, León Artístico Monumental en el centenario de sus fueros - 1020 / 1920) 

LA CUENCA CARBONÍFERA LEONESA  (Album Gráfico, León Artístico Monumental en el centenario de sus fueros - 1020 / 1920)

El Sindicato regional minero Leonés se fundó el dí a 23 de Agosto de 1917, bajo la presidencia del excelentísimo señor Marqués de Portago, celebrándose la primera Junta oficial el día 3 de Septiembre del mismo año, y en 12 de Octubre de 1918 eligió, en Junta general, su representante en el Consorcio Nacional Carbonero.

La provincia de León se ha considerado dividida en las tres Zonas Mineras siguientes:

Zona Este . —Comprende todas las minas situadas entre la margen izquierda del río Porma, hasta el limite de la provincia con la de Falencia.

Zona Central.—Abarca todas las minas situadas entre la margen derecha del río Porma hasta Riello, comprendidas las afluentes del Río Luna.

Zona Oeste.—A la que pertenecen las minas situadas en la llamada región del Bierzo, desde Brañuelas inclusive, hasta el límite de la provincia, incluyendo las afluentes del río Sil.

La explotación de las minas de hulla de la provincia de León alcanzó en el año de 1918 la respetable cifra de 800.000 toneladas. En 1919 la extracción de carbón llegó a 960.000 y se calcula que excederá de un millón en el año actual.

La Junta directiva del Sindicato Regional Minero Leonés, está formada por los señores siguientes:

Presidente:

Don Fedro Gómez Prieto.

Vocales:

Don Esteban Corral, D . Eugenio Lozano y D. Cayetano García.

Vocal tesorero:

Don Miguel D. G.. Canseco.

Vocales suplentes:

Don Bonifacio Rodríguez, D. Antonio Allende y D. Adolfo Moro. 

Hullera Vasco-Leonesa

Los antes humildes pueblecillos de Pola de Gordón y Santa Lucía, se han transformado en pequeñas urbes, con elegantes chalets y casas de vistoso aspecto. ¡Que tanto pudo el tesoro arrancado por la mano del hombre, que removió las entrañas de la madre tierra!...

Entre los que más han contribuido a realizar esa transformación, figura la Sociedad «Hullera Vasco-Leonesa», que formada con capitales bilbaínos, viene funcionando desde hace cerca de treinta años.

Aunque domiciliada en Bilbao esta Sociedad, tiene sus oficinas mercantiles y Dirección técnica en Santa Lucía y en su Consejo directivo figuran nombres tan prestigiosos como los de Olavarri e Ibarra. El capital social es de 6.000.000 de pesetas y cuenta esta empresa con grandes concesiones que le permiten indefinido aumento de producción, calculándose la explotación diaria en 800 toneladas de carbón semigraso, parte del cual es convertido en briquetas y ovoides, mediante una perfecta instalación de máquinas y prensas movidas por electricidad.

En los diversos trabajos tienen ocupación diaria 1.500 obreros, para los que esta sociedad construyó magníficos pabellones de casas baratas en las inmediaciones de la vía férrea del Norte.

El mineral es transportado desde las minas por cables aéreos hasta las estaciones de llegada, instaladas en los apartaderos del ferrocarril.

El taller de reparaciones y departamentos montados últimamente, han llevado a esta Sociedad al grado de prosperidad y florecimiento actual, que la hacen figurar a la cabeza de las industrias análogas.

Sociedad de Construcciones y Explotaciones

Esta sociedad de reciente creación se constituyó para tomar en arrendamiento, por un período de cuatro años, la explotación del nuevo ferrocarril minero de Ponferrada a Villablino; juntamente con las minas de hulla y fábrica de briquetas, todo ello, propiedad de la «Siderúrgica de Ponferrada», para cuya instalación de los Altos Hornos, se están llevando a cabo importantes trabajos en aquella villa.

El citado ferrocarril es de vía estrecha y ha sido abierto al público para el traslado de mercancías y viajeros, prestando grandes servicios a los pueblos que cruza.

La fábrica de aglomerados alcanza una gran producción, y en las márgenes del Sil construyó la Siderúrgica una fábrica de energías para conducir agua y electricidad a la moderna instalación de la de briquetas, ya descrita. 

Sociedad Minero Industrial Leonesa

Es una de las más importantes empresas mineras de la provincia, tiene en explotación el coto «Orzonaga» y las fábricas de aglomerados y cerámica en La Robla.

Ambas son de gran producción y están dotadas de todos los elementos y maquinaria que exigen las necesidades de esta clase de industrias.

Situadas entre las estaciones de ferrocarril del Norte y del de La Robla a Bilbao, tienen amplios apartaderos y vías interiores para las operaciones de carga y descarga de los productos que elaboran.

D. Bernardo Zapico

Este joven e inteligente ingeniero de minas, que ostenta la representación de León, en Cortes, ha concentrado toda su actividad y energías en el estudio de la transformación experimentada por la región leonesa durante los últimos años.

Hombre de gran laboriosidad y acierto en los negocios mineros, infundió vida próspera a todas las empresas de explotación carbonífera por cuya dirección pasó y dió vigoroso impulso la preparación de aglomerados, terminando la electrificación de todos los servicios.

La sociedad «Hullera Vasco-Leonesa», agradecida a sus buenos servicios acordó en Consejo nombrarle Ingeniero Consultor, cuando el Sr. Zapico hubo de abandonar aquella dirección, por requerirlo así sus múltiples negocios particulares.

Conocedor a fondo de las condiciones geológicas de la región, su nombre va íntimamente unido a todo negocio hullero.

D . Bernardo Zapico explota en la actualidad los cotos de Matallana, Villaseca, Orallo y Toreno, y son instalaciones modelo sus fábricas de aglomerados de Ponferrada y La Robla, habiendo solucionado el problema que tanta importancia tenía para los carbones leoneses, que en las primeras explotaciones —naturalmente defectuosas— arrojaban una gran cantidad de menudos, que hoy se aprovecha en la formación de ovoides y briquetas; nueva industria que abarata el mercado y utiliza gran número de obreros.

D. Bernardo Zapico es conocidísimo en la región y fuera de ella, en donde figura como consejero y accionista de un buen número de Sociedades y Compañías mineras.

Tiene instaladas sus oficinas y centro de operaciones, en la capital; dedicándose en la parte comercial, a las ventas al por mayor de sus carbones, teniendo concertados ventajosos contratos, entre ellos los de suministros a las Compañías de ferrocarriles e importantes centros fabriles de Madrid y Bilbao; gozando su firma de sólido prestigio; y su título profesional, de gran reputación, como lo demuestra el hecho de ser obligado consultor en cuantos negocios de minas se emprenden en la región. 

D. Miguel Canseco

De espíritus débiles y enfermos es el vivir contemplativo y añorante con la mirada en el pasado, atento no más que a las glorias pretéritas y sin la preocupación —reveladora de energía — de la necesidad actual y de las exigencias del porvenir. El ayer y el mañana, deben tener el nexo de su unión poderosa en el hoy, el momento, la actualidad. Porque el momento presente es el engendrador del futuro, y del trabajo de este día, ha de arrancar la conquista del venidero.

Con esta idea no hemos podido menos de complacernos viendo como se hermanan en León de una manera inteligente y comprensiva los cantos de gloria con los cantos de esperanza, como a la vez que se honra a los que fueron, se prepara el terreno a los que vendrán.

Y, ocupándonos de León, no consideraríamos completa nuestra obra si dejásemos de hablar de su desarrollo industrial, fácilmente visible por el que llega a esta ciudad, pero seguramente ignorado por el que haga muchos años que no la ha visitado. En ella se han perfeccionado de una manera considerable sus primitivas industrias, multiplicándose en una enormísima proporción.

Como modelo puede figurar desde luego la gran fábrica de aglomerados de carbón que explota la sociedad anónima «Hornaguera», fábrica que hemos visitado con el detenimiento que merece, quedando maravillados de su instalación, que aunque habíamos oído con repetición a cuantos de ella nos hablaran grandes elogios, no pudimos hacernos idea de la justicia con que la eran aplicados hasta que nos convencimos por nosotros mismos.

Emplazada la fábrica en un lugar ameno y pintoresco en las proximidades de un bello pueblecito llamado Armunia y a corta distancia de la capital, lo primero que fija la atención del visitante es la enorme extensión de terreno que circunda al soberbio edificio donde la maquinaria se halla instalada. Más de 100.000 metros de ese terreno ocupan las vías del apartadero propio de la fábrica, capaces para 200 vagones, en cuyo cargue trabajan febrilmente multitud de obreros, puesto que del orificio de salida de la máquina y arrastradas por la cinta de enfriamiento y descargue, se desocupan cada hora 15 toneladas de briquetas, como producción normal y corriente.

La fosa de descargue para el carbón es amplia; su elevador de 22 metros de altura con canjilones de 60 centímetros, no cesa un instante de funcionar, subiendo el carbón a la torre con dos tolvas, donde automática y mecánicamente se hace la clasificación. En el interior hemos visto la cinta abastecedora, dos hermosos molinos Cart para brea y carbón, dosador, mezclador, prensa y, en departamento separado, la soberbia caldera obra de la Casa Bacok Wilcox.

Hay además cuatro motores eléctricos para el movimiento de las máquinas y todo lo que requiere la más moderna de esta clase de instalaciones, de importancia enorme siempre, pero más aún en León, por estar destinada a la transformación de los carbones menudos de que son abundantes sus cuencas mineras y que de otra suerte carecerían de aplicación, en tanto que así la tienen y de mucho interés puesto que la excelente briqueta que con ellos se produce, no tiene igual para el consumo en locomotoras y otra clase de máquinas.

Esta misma entidad social explota ricas minas en las mejores situaciones de las respectivas zonas. Así de la cuenca de Villablino, tan ventajosamente conocida, tienen justo renombre por la excelencia de sus carbones grasos la «Montañesa» y «Babiana»; en carbón de antracita pocas igualarán a las «Sorpresas» y «Leandra», de la región del Bierzo (Toreno) y en la de La Magdalena posee también la mina «María» igualmente rica por la cantidad y calidad de su combustible.

La fabricación es muy esmerada, y ello ha sido causa de que conquistase el mercado desde su creación. Para cerciorarse de la bondad de breas y carbones, tiene la fábrica en edificio contiguo a ella, laboratorio propio; todo lo completo que se puede apetecer y que es una verdadera aduana escrupulosa, por la que no es posible pasar materiales que puedan hacer desmerecer a la briqueta que se fabrica.

Y esta sociedad, su fábrica, la obra toda de ella, ha sido idea, creación de un hombre joven y modesto, pero animoso y emprendedor, en el que se dan en feliz consorcio las aptitudes del artista y hombre de letras con la competencia y acierto en los negocios industriales, hasta el extremo de que no ha habido en algunos años obra alguna de esta clase en la provincia en la que no haya intervenido de una manera directa; mejor pudiéramos decir que él no haya inspirado, laborando por su implantación y florecimiento de una manera desinteresada y entusiasta.

Este hombre es D, Miguel Canseco, que, doctorado en Derecho antes de cumplir los veinte años, alternó con los estudios jurídicos y sociales (por verdadera afición, puesto que la independencia de su posición le hizo innecesario el ejercicio de su carrera), la observación de las necesidades de su provincia, no para lamentar estérilmente las deficiencias que observaba sino para acudir con el remedio, allí donde su perspicaz y escudriñadora mirada le hacía ver como necesario.

Buena prueba nos dan de esta verdad, que no desconoce ningún leonés, no sólo la creación de «Hornaguera», cuyas Gerencia y Presidencia ostenta, y de la que es principal accionista. Igual la proclaman la explotación de los saltos de agua del Porma, que lleva a cabo la sociedad «León Industrial», por D. Miguel Canseco también creada y de la cual es Vicepresidente; empresa ésta de consideración e importancia, que basta a justificar el hecho de ser los indicados saltos de agua los que dan energía eléctrica y luz a León; minas de Santa Lucía y Sabero; la de la Sociedad «Antracitas de Brañuelas», a cuyo Consejo de Administración pertenece; y, fuera de León, la sociedad Canseco Blanco y Gutiérrez, explotadora de otro salto de agua en Moreda (Asturias), por él igualmente creada.

A sí mismo, el Sr. Canseco fija su atención en el problema de la tierra, y, hombre práctico siempre, pone a contribución su portentosa actividad y sus mismos bienes en el estudio de ese problema. La transformación de su bella finca «Almanzor» en la que ensaya procedimientos de cultivo, métodos de producción, recría de ganado con tendencia a la mejora de las razas, justificarían por sí sola esta apreciación ; pero su aliento personal y consejo a los agricultores de la región, el desvelo por el mejoramiento de las aldeas de su tierra, son otros tantos fundamentos de ella. 

Asuntos de vital interés para León, no se ha realizado ninguno en estos quince últimos años sin que se solicitase el consejo, la opinión, el apoyo del Sr. Canseco, y su concurso nunca faltó a tales obras, ya que hasta abandonando las cosas propias, supo en toda ocasión ponerse al servicio de sus paisanos, garantizando siempre su apoyo el éxito de la gestión. Ahí está recientemente la subasta del ferrocarril de León a Matallana, conseguida por sus desvelos, gracias a los cuales la unión directa de León y Bilbao será un hecho en brevísimo tiempo.

Alejado de la política, sus simpatías personales y la convicción que sus paisanos tienen de su valer y de la necesidad de su cooperación, hace que desde mucho tiempo venga ostentando el cargo de Diputado provincial, sin solicitarlo ni pretenderlo, y aunque a la Diputación es llevado siempre contra su propio deseo, nadie podrá decir que D. Miguel no trabaja en bien del distrito y de los electores.

Posee la honrosa distinción de ser Caballero de Isabel la Católica, que le fué concedida con harta justicia y a petición ajena, que el Sr. Canseco jamás se pagó de vanidades ni preténdió honores.

Su gran modestia, unida al relieve de sus extraordinarios méritos, hacen de él un hombre digno de imitación por todos los conceptos. Muchos tan inteligentes, laboriosos, prácticos como este y como él bondadosos y sencillos, transformarían esta nación de estéril desierto en fecundo oasis productivo y atrayente, que la inteligencia y la bondad son las mejores armas de los hombres. ¡Y mucho pueden cuando van unidas!

Satisfecho puede sentirse de su obra el Sr. Canseco, ya que por su solo esfuerzo, sin ayuda ajena, ni auxilio de nadie, ha podido hacer tantos y tantos beneficios, labrando su reputación y su prestigio y consolidando una posición envidiable al propio tiempo, sin más auxiliares que esa bondad, ese talento, verdaderos faros de su camino siempre en recta hacía el propósito noble preconcebido.

Don Dionisio González

Los esfuerzos y desvelos de este gran luchador, culminaron en el éxito alcanzado tras el derroche de energía y juventud consagrados en el honrado trabajo.

Don Dionisio González ha conseguido un puesto brillante en la lucha por la vida, asociando su nombre al progresivo desarrollo de la región leonesa.

Las excelentes explotaciones que tiene, disfrutan de favorable acogida en el mercado nacional. Su mina, «La Carmonda», produce un excelente carbón de vapor, muy solicitado por las Empresas ferroviarias; y en el pueblo de Caboalles de Arriba, enclavado en la importante cuenca minera de Villablino, posee un magnífico yacimiento, en donde se extrae carbón graso de inmejorables condiciones para la fabricación del gas, y cuyo cok, obtenido por el sistema de pilas, tiene gran aceptación en las industrias metalúrgicas.

En este último punto se han llevado a cabo recientemente importantes instalaciones, y en La Robla, tiene un apartadero para el embarque de sus carbones.

El nombre prestigioso de D. Dionisio, figura entre las principales entidades mineras de León, y goza de grandes simpatías por su carácter afable y espíritu emprendedor.

El Marqués de Acillona

Entre los mineros que tienen explotaciones de antracitas en esta región, figura como más importante el señor marqués de Acillona, domiciliado en Bilbao, cuyo coto situado en el término municipal de Toreno, al paso de la línea férrea de Ponferrada a Villablino, es el mejor de la extensa cuenca carbonífera.

Estas antracitas superan en calidad y calorías a las inglesas, alcanzando una producción considerable la extracción de carbones en las minas propiedad del ilustre prócer.

«Sociedad Anónima General Minera y Ferroviaria y Compañía Minero-Anglo-Hispana

Figuran unidas estas dos sociedades por tener la primera un contrato de arrendamiento con la segunda, que le permite la utilización de sus magníficas instalaciones, compuestas de lavaderos, hornos de cok y fábricas de briquetas y ovoides.

La explotación, perfectamente montada y dirigida por personal técnico, excede de 4.000 toneladas mensuales.

Cuentan estas sociedades con vías propias, planos inclinados y gran apartadero en el ferrocarril hullero de La Robla a Valmaseda y Bilbao, en donde están instaladas las fábricas de briquetas y ovoides, que están dotadas de modernas maquinarias, así como los magníficos hornos de cok metalúrgicos sistema «Coppel» .

Posee esta empresa excelente material ferroviario de su propiedad, que le permite colocar los carbones de sus minas y productos de las citadas fabricaciones en condiciones ventajosísimas para los consumidores.

Hijos de Teófilo Alvarez

En 1915, año en que comenzó el gran movimiento en la cuenca minera de Villablino, se formó la Sociedad cuyo nombre encabeza estas líneas.

Poniendo en condiciones de explotación minas que ellos habían ya denunciado, trabajaron sin descanso estos entusiastas jóvenes, llegando a adquirir otras por compra, en las que consiguen el mayor rendimiento.

Vencidas, en parte, las dificultades de transporte para poner el carbón en las estaciones ferroviarias, es considerable la producción de estos ricos carbones, que compiten con los mejores y más reputados de las cuencas asturianas e inglesas.

Los hijos de Teófilo Alvarez, henchidos de un amor grande a la «patria chica», han realizado una gran obra regional, acrecentando la riqueza y redimiendo a una parte de la provincia de la escasez y penuria en que vivía, pues en los alrededores de sus minas van surgiendo agrupaciones de braceros que han de convertir en no lejanas épocas los antes desiertos lugares en pueblos prósperos y ricos. 


ALGO DE MINERÍA LEONESA

ANTECEDENTES—En el año 1906  el excelentísimo Sr. D. José Revilla, Ingeniero de Minas afecto a la Jefatura de esta provincia, publicó la primera edición de su famosa obra Riqueza minera de la provincia de León, poniendo de manifiesto, tanto a técnicos como a particulares, los inmensos tesoros de mineral que yacían ocultos en las entrañas de estas pobres y desamparadas tierras leonesas, apenas capaces para sustentar su población.

Antes ya, justo es confesarlo, a raíz de la construcción de los pocos ferrocarriles que la cruzan, algunos hombres audaces, hombres emprendedores y de acción, y no leoneses en su mayor parte, comenzaron a registrar terrenos y a montar explotaciones primitivas, algunas de las cuales permitían obtener un crecido interés al capital en ellas empleado. 

Claro está que todas estas tentativas arriesgadas se hacían, por descontado, al amparo del ferrocarril, casi siempre a su lado y luchando con innumerables dificultades: mano de obra, no sobra de espíritu industrial, y, lo que es peor, una pasividad invencible de los habitantes, quienes dedicados, por lo general, a la agricultura, a la ganadería o al más pingüe negocio de la usura, miraban con desdén aquellos complicados artilugios, que surgían aquí y allá, muchos de los cuales se hundían detrás de una quiebra más o menos fraudulenta.

El ferrocarril de La Robla a Valmaseda en este sentido de ayudar a la evolución de una región, nunca se podrá alabar bastante, pues si bien es cierto que de la cercana Asturias venían también influencias renovadoras a ello coadyuvantes, de Bilbao llegaron capitales y hombres de negocios que construyeron ese ferrocarril y fundaron grandes centros mineros, estimulando a otros hombres a salir de su pasividad y a arriesgar su capital en las industrias, miradas antaño con recelosa desconfianza.

Pero durante todo este período de la formación del espíritu minero leonés, el grande, el insuperable obstáculo, que se opuso a muchas felices tentativas, fué la falta de crédito . El crédito mercantil por
entonces era desconocido en absoluto en León. Alguna transformación se operó en él a raíz de la guerra de Cuba, la que, además de proporcionar algunos capitales a la industria y hombres de nuevas orientaciones, hizo que los leoneses se dieran clara cuenta, al comenzar la escasez de carbones y la subida de los precios, de la importancia que podría tener en lo sucesivo la riqueza minera de la provincia, dentro de la economía nacional.

Sobre estas bases reales, la obra nunca bien ponderada del Sr. Revilla señaló los rumbos nuevos a seguir, precisando con exactitud los ricos yacimientos de minerales existentes, la mayoría de ellos hoy
en explotación .

EL CONFLICTO EUROPEO.—Iniciada la transformación económica en casi todo el norte de la provincia, y contándose ya con explotaciones de alguna consideración (así como otras muchas de menor categoría, que iban realizando una labor útil); ensanchado el crédito mercantil, con la instalación de nuevos establecimientos; más instruidos en los negocios los hombres del país por algunos impremeditados fracasos, estalló la guerra europea. Los mineros leoneses, muchos de ellos aleccionados por la guerra de Cuba, comprendieron que había llegado el momento de trabajar en grande, sin mezquindades ni recelos. Una verdadera fiebre del carbón, se apoderó de todo el mundo. 
En la provincia de León se denunció todo el terreno denunciable. No se pensaba más que en comprar, vender o explotar carbón o cosa parecida.

Muy pronto se tocaron las dolorosas consecuencias de una falta absoluta de la preparación adecuada. Las dificultades de los transportes crecían a diario. No había y no hay los suficientes ferrocarriles, ni las carreteras necesarias, ni los caminos precisos, ni nada en fin de lo que hubiera podido ayudar al impulso y al aprovechamiento de aquel momento único. Las dificultades en los transportes de ferrocarril, por incuria o abandono de nuestros gobernantes (a alguno de los cuales, como al Sr. Gasset, avisé oficialmente y con tiempo sobrado del conflicto que se avecinaba), llegaron a extremos tales que sólo los perjudicados conocemos. En esta provincia de León, por ejemplo, hubo minero que pagó tres millones de pesetas por acarreo de carbones, lo que puede servirnos de base para calcular en unos 30 o
40 millones de pesetas, lo que fué invertido por todos los mineros en acarreos. Véase la pérdida que significa una cantidad de metálico tal, en aquella ocasión tan crítica, y las pérdidas enormes que sufrió la economía nacional por falta de ferrocarriles y mala organización de los existentes.

Así y todo, y a través de las mil dificultades que interpusieron, lo mismo la Administración pública que el egoísmo de los particulares, surgieron nuevas explotaciones modernas y vigorosas, y , sobre todo, se descubrió y se alumbró para muchos, aquella rica y poderosísima cuenca del Sil, que sólo algunos conocíamos, y en la cual, sin grandes esfuerzos —la verdad sea dicha — pudo lucir sus altas y reconocidas cualidades de hombre activo y organizador, D . Francisco Cambó, impulsando la construcción del nuevo ferrocarril de Ponferrada a Villablino.

EL PRESENTE.— Existen en la actualidad en todo el norte de la provincia un buen número de grandes explotaciones de carbón, en Torre, Villablino, Babia, La Magdalena, Santa Lucía, Matallana, Prado, Sabero, La Espina, etc., etc., amén de otras muchas de menor categoría, algunas poseedoras de su modesta fabriquita de aglomerados, que les permite utilizar los menudos, uno de los mayores problemas que ofrece gran parte del carbón seco leonés y el graso, que suele ser en extremo blando.

La mayoría de los propietarios mineros que antes trabajaban de un modo primitivo se han provisto de un material moderno y han organizado sus explotaciones. Casi todo el terreno minero leonés, la mayoría del cual no se explota por falta de vías de comunicación, está reconocido y estudiado. Abunda el dinero, y con el crédito y la mayor actividad se han realizado proyectos y empresas, que, hace solamente cuatro años, parecían fantásticas.

En los pueblos de todo el norte de la provincia se ha verificado una transformación completa. Comarcas enteras han cambiado de fisonomía y de modo de ser y de vivir. Pero, a la par que este progreso general se agranda, empiezan a sentirse aquí las repercusiones violentas de las grandes conmociones sociales que sacuden el mundo, agudizadas y enconadas por agitadores profesionales y mineros ambulantes de Asturias y Bilbao, que, sin raíces en el país y sin importarles un ardite su mayor o menor prosperidad, siembran por donde pasan el odio y la desesperación.

Unese a esto la insospechada trascendencia —sobre todo para sus autores e iniciadores—de la impensada disposición de la mal llamada Ley de las siete y ocho horas, que ha llevado el desconcierto a una gran parte de la industria española (y, sobre todo, a las grandes explotaciones mineras, en donde los obreros, tan espléndidamente retribuidos como mal acostumbrados, muchos días a las dos de la tarde ya no tienen qué hacer), y se comprenderá que ha llegado el momento de preocuparse seriamente de estas nuevas manifestaciones sociales que aparecen en la provincia y de recogerlas y encauzarlas con alteza de miras e intención honrada.

Como complemento de lo dicho debo hacer notar aquí el fenómeno curioso de la aparición en esta provincia de un nuevo y excelente tipo de minero-agricultor, que comparte las labores de la mina con las que realiza en su propia hacienda. Este tipo de minero provincial, sujeto a la tierra, a su propia tierra que cuida y labra con amor, este tipo de minero más suave y más civilizado que los otros (el cual se halla en contacto directo y cordial con ingenieros y empresarios, a quienes conoce y estima), debiera ser el tipo único del minero leonés, el que todos los patronos debiéramos de fomentar y proteger, para paz y concordia de todos los que tenemos sagrados intereses en comunidad.

EL PORVENIR.—Y, para terminar estas ligeras notas que me piden, sin que deba eludir la petición , pero sin darme tiempo suficiente para poder meditar y ordenar mis ideas sobre la materia, quiero decir algo acerca del porvenir minero de esta región leonesa que me precio de conocer. En el año 1914, en los números 5.010 y siguientes del diario La Democracia, reproduje íntegramente un extenso informe que me había sido solicitado de Inglaterra sobre las minas de hierro de la provincia de León. En él expuse con detalle mi firmísima creencia de que esta privilegiada provincia, que tenía yacimientos de hierro de la gran trascendencia del llamado Coto Wagner (descubierto y estudiado por mi querido y respetado amigo Sr. Lazúrtegui, en el que se han llegado a cubicar unos 200 millones de toneladas de mineral); que poseía criaderos de oro, de plata y de cobre de relativa importancia; que estaba dotada de la mayor extensión superficial de montes (498.670 hectárea  de público s y 140.000 de hacienda) que otra alguna; que disponía de saltos de agua capaces de producir caballos 100.000 aprovechables de fuerza, y que, por añadidura , estaba habitada por una raza inteligente y sufrida y capaz de cualquiera transformación, tenía reservado un magnífico, incalculable porvenir industrial. Y este gran porvenir, que por entonces apenas se vislumbraba, hoy es casi una espléndida realidad, como nos lo demuestran los hechos con toda su muda pero eficaz elocuencia. 

Miguel Canseco

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