viernes, 4 de enero de 2019

El Museo del Tiempo


Más de 200 artículos cuentan la historia de los últimos tres siglos a través de piezas invaluables de relojería. El Museo del Tiempo abre este fin de semana sus puertas al público. El relojero José María Ramos presenta gran parte de su colección que va desde piezas de finales del siglo XVIII, hasta relojes de las fábricas de mediados del siglo XX. Un recorrido en el museo por el que “no pasa nada excepto el tiempo”.


El Museo del Tiempo es el resultado y reto personal proyectado “en las últimas décadas”, como indica el propio José Ramos. “Pretendo acercar el sector relojero a la población y mostrar detalles de esta profesión que son desconocidos para la gente. Por ello reúno piezas peculiares, extrañas y, algunas de ellas, únicas. Y lo hago en un recinto en el que he decidido llamar Museo del Tiempo”.

Se inauguró el sábado 29 de abril de 2017. Sábados, domingos y festivos de 11,00 a 13,30 horas. Para visitar el museo durante la semana, se puede hacer reserva previa en el teléfono 661 477 911. El Museo está ubicado en el Edificio del Hotel Imprenta Musical, en la calle Martínez Salazar, 9.

Relojes de todo el mundo

De las 212 piezas que componen ahora el Museo, la mayoría de ellas proceden de Francia, pero se pueden encontrar obras de Holanda, Inglaterra, Venecia, Astorga e, incluso, un reloj de barco ruso. En el particular homenaje de Ramos a la relojería astorgana, están expuestas obras de todos los relojeros que ha tenido Astorga. Hay piezas del relojero Losada, y quiere dar a conocer a Antonio Canseco, relojero de Rabanal, que “merece la pena compartir”.

La idea de Ramos es que el museo no sea estático, “que sea vivo, aquí las piezas van a ir cambiándose”. El relojero astorgano confiesa que todavía tiene en casa relojes para montar otra exposición e ir cambiando cada cierto tiempo las obras que forman parte del recinto. “Tengo varios relojes de cuco y relojes de origen americano, que no están expuestos todavía, y que los tengo en proceso de restauración”, señala.

En el centro de la sala, también rinde homenaje al reloj del ajedrez, con una pieza con la que jugaron maestros de la talla de Viktor Korchnói, Anatoli Karpov, Alexander Beliavsky, Susan Polgar o Lujbomir Lujboyevic en el Torneo Magistral Ciudad de León.

Antiguas maquinarias de relojería

Una de las piezas centrales de la muestra es la maquinaria del reloj del ayuntamiento. Una pieza que data de 1807, obra del maestro cerrajero Bartolomé Fernández, y autor también del reloj de la catedral. Costó 19.000 reales, explica Ramos en el museo, y se terminó de construir el 6 de julio de 1807.

Se trata de la segunda maquinaria del reloj del ayuntamiento, dado que la primera obra se colocó en 1749. La máquina que ahora se puede apreciar en el Museo funcionó durante 167 años, hasta 1974 cuando se sustituyó por una moderna y eléctrica. El reloj de Bartolomé Fernández quedó en el olvido hasta el año 2007, cuando José Ramos encontró las piezas en el matadero, las rescató y las restauró. El reloj, de cuatro trenes de rodaje, incluye un toque de queda, “cada día a las 10 de la noche, avisaba por todo Astorga que las puertas de la muralla se iban a cerrar, por lo que los que estuvieran fuera y vivieran dentro tenían que entrar y viceversa”, explica el relojero.

Pero no es la única pieza de valor incalculable que posee el Museo del Tiempo, relojes de caja y péndulo de muchos orígenes, e incluso un reloj sin tornillos

Centro de interpretación de la relojería

Entre los proyectos que Ramos tiene para el futuro, se encuentra un Centro de interpretación de la relojería. Un lugar donde los niños de los colegios puedan disfrutar creando su propio reloj de agua, “muy sencillo”. Y conociendo “el interior de una tecnología que por masificada, puede que pase desapercibida”.

Entre los relojes que se pueden apreciar en el Museo, hay una extensa colección de despertadores, de los de mesita de noche y de los de viaje. E incluso de los que utilizaban las maestras para marcar el inicio del recreo, se llaman escribanías. Las escribanías podían ser con o sin reloj, pero contenían los elementos necesarios para la escritura, como tintero y un espacio para dejar la pluma.

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