Hablaba ahora con mi madre que hoy he comprado cebollas para hacer calçots, la típica cebolleta que se consume en Cataluña a partir de febrero. Hablando hablando, me ha ido diciendo que su padre, mi abuelo, cultivaba algo parecido. Parece ser que las cebollas, que al final del invierno se pudrían y dejaban ir unos güijos, las plantaba bien hondo y a medida que iban creciendo las seguía tapando con tierra. De esta forma conseguía unas cebolletas (Mi madre ya no se acuerda como las llamaba mi abuelo) blancas y tiernas.
Las consumían de dos formas, en tortilla de patatas y también para hacer una ensalada para los viernes de cuaresma. La ensalada en cuestión se hacía con bacalao desalado y desmigado, huevo cocido y estas cebolletas picadas, aprovechando también la parte verde, salvo las puntas. Para hacer que las cebolletas tuvieran un sabor menos fuerte las tenían en agua un tiempo y después las escurrían. La ensalada se aliñaba con sal, aceite y pimentón. No queda claro si en la ensalada se ponía también patata cocida, mi madre ya no se acuerda.

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